Como para que nadie crea que con la salida de Matías Kulfas del Ministerio de Desarrollo Productivo se habían terminado sus críticas al Gobierno, Cristina Kirchner desempolvó en Avellaneda su castigo más recordado y volvió a poner en foco a los funcionarios que no funcionan.
La vicepresidenta evitó esta vez las alusiones directas a Martín Guzmán -sólo lo raspó un poco cuando dijo que un acuerdo con el FMI implica resignar la posibilidad de tener un plan económico propio- y se dedicó a derramar invectivas generalistas sobre el gabinete. “Me importa un pito quedar bien con los funcionarios”, avisó cuando ya no quedaba otra cosa que decirle al Gobierno. Sólo confirmó la mala evaluación que hace sobre la gestión de Miguel Pesce en el Banco Central y que ya había adelantado varias veces en las últimas semanas en privado. Dijo que el titular del Banco Central no coordina con otros organismos políticas para evitar que los dólares que llegan al país con las exportaciones reboten en las bóvedas públicas en una operatoria que consideró, vaya uno a saber por qué, “una estafa”.
No fue lo único a lo que se dedicó la vicepresidenta, que acostumbra a usar sus discursos para imponer los guardarrails por donde terminan caminando las políticas del Frente de Todos.
Por un lado, acusó a las empresas privadas por la inflación, en una repetición de su discurso clásico sobre el tema. Por el otro, mencionó la marcha de la semana pasada de las organizaciones sociales de la izquierda clasista en la avenida 9 de julio para reclamar una baja de la cantidad de los planes sociales que manejan esas entidades. Dijo que con una desocupación del 7% no puede haber tantos planes sociales.
En ese punto, hizo suya la principal queja de los intendentes peronistas del conurbano bonaerense, que vienen diciendo desde hace años -incluso durante la presidencia de Cristina Kirchner- que la idea de darles planes a las organizaciones de izquierda afecta su propia estrategia de usar la ayuda social para conseguir votos.
Ese discurso público peronista y bonaerense de Cristina reproduce los planes futuros que confiesan en privado los dirigentes kirchneristas: dedicarse a resguardar la provincia más poblada con candidatos propios y una lista de legisladores lo más homogénea posible y desentenderse de los sinsabores de la elección nacional y de la tarea de defender un Gobierno al que desde hace largo tiempo repudian.